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2 de enero de 2010

Red de mentiras

Ver la televisión no siempre es un ejercicio edificante. Vean ustedes, queridos lectores, la cantidad de malas noticias con que nos bombardean: secuestros, asesinatos, robos, corrupción. Veamos lo que nos dice Ray Bradbury al respecto (Mr. Bradbury resultó profeta en este aspecto):


Si no quieres que un hombre se sienta políticamente desgraciado, no le enseñes dos aspectos de una misma cuestión para preocuparle; enséñale sólo uno, o, mejor aún, no le des ninguno. Haz que olvide que existe una cosa llamada guerra. Si el Gobierno es poco eficiente, excesivamente intelectual o aficionado a aumentar los impuestos, mejor es que sea todo eso que no que la gente se preocupe por ello.

Tranquilidad, Montag. Dale a la gente concursos que puedan ganar recordando la letra de las canciones más populares, o los nombres de las capitales de Estado, o cuánto maíz produjo lowa el año pasado. Atibórralos de datos no combustibles, lánzales encima tantos «hechos» que se sientan abrumados, pero totalmente al día en cuanto a información. Entonces, tendrán la sensación de que piensan, tendrán la impresión de que se mueven sin moverse. Y serán felices, porque los hechos de esta naturaleza no cambian. No les des ninguna materia delicada como Filosofía o Sociología para que empiecen a atar cabos [...].

Ray Bradbury, Crónicas marcianas (¡1953!)

Que me aspen si no es eso lo que hacen la mayoría de los informativos (no los conozco a todos). Formulada esta diatriba en contra de los desinformativos (que no nos hablan de lo que nos importa y nos hablan de lo que no nos importa), anotemos que de vez en cuando hay alguna noticia curiosa. Tal es el caso de una empresa digital cuyo objeto social consiste en «contrarrestar con noticias positivas» las posibles difamaciones, rumores o injurias y calumnias, ciertas o no, que circulen en la Red contra aquellas personas que soliciten sus servicios.

Cierto es que su elevado precio (4.000 leuros del ala por hacerse con esos servicios) limitan drásticamente la posible clientela a altos ejecutivos, profesionales liberales de altos vuelos y políticos de todos los tamaños y pelajes, que suelen ser víctimas habituales de este tipo de comportamientos. La pregunta que me surge es: ¿tendrá alguna importancia que el «rumor» sea cierto? Es decir: pongamos el caso de una persona a quien su pareja le ha dado la patada y le ha cambiado por otro (o por otra, que hoy en día también podría darse). El despechado podría colgar fotos de su ex (o montajes de ella) y decir a todo el mundo: «Mirad, ésta es la guarra de mi ex». En este caso queda bastante claro el comportamiento y todos podemos ver que es, cuando menos, moralmente reprobable (además de delictivo).

Pero demos una vuelta más de tuerca. ¿Aceptará esta empresa el dinero de un señor que, habiendo sido descubierto como lo que no es, se ve todos los días en la Red acusado («calumniado», desde su punto de vista) y expuestas sus trapacerías a la pública contemplación? Me imagino que dicha empresa, antes de emprender las correspondientes acciones defensivas, realizará una investigación exhaustiva para no encontrarse con que está defendiendo a un bergante. Podría ser el caso de este señor. Cabrá preguntarse si la empresa citada accedería a defenderle poniendo suficiente dinero en la mesa, con independencia de que las imputaciones fuesen verdaderas o falsas (dadas las agarraderas que tiene este señor).

Los abogados de oficio no siempre tienen la escapatoria de defender a alguien de quien saben que es culpable. La ley les obliga y eso suele provocarles un conflicto moral, a veces importante. Pero la empresa privada ya es otra cosa. La única barrera en estos casos es el estándar ético de esa empresa. Veremos cómo se desarrolla el asunto.

Con cariño, para mi amiga Isabel.

17 de agosto de 2008

Casco cerebral

Ya saben ustedes que en este blog, por lo general, no se habla más que de política o de cosas curiosas que acontecen en la sociedad.

No obstante, hoy romperé esa costumbre y les hablaré de un invento de una empresa australiana, Emotiv Systems. Lo llaman EPOC y viene a ser un artilugio que, colocado en la cabeza, sirve para realizar acciones básicas en relación a un videojuego. Me llaman la atención estos párrafos de la noticia leída en Libertad Digital, que a su vez toma la noticia del blog de Brian Crescendo, uno de los afortunados que ha probado el citado artilugio:

El resultado es que el jugador puede realizar acciones básicas como mover o hacer desaparecer objetos en la pantalla sólo con imaginar estas acciones. Además, EPOC es capaz de analizar el estado de ánimo del usuario y, por ejemplo, aumentar la dificultad del juego si detecta que está aburrido.

Emotiv ha trabajado durante cinco años en este producto y ha preferido centrarse en sus aplicaciones para videojuegos, pero sus responsables reconocen que los usos podrían ir mucho más allá. "Consideraremos también en el futuro las oportunidades que ofrece el sector médico", dijo Le. Entre otras aplicaciones potenciales citó "la televisión interactiva, el diseño de accesibilidad, la investigación de mercados o la seguridad".

Probablemente en la literatura de ciencia ficción hay bastantes precedentes. No soy muy leído en ese género, pero mencionaré dos que yo recuerdo. El primero de ellos, en algo tan inofensivo como una serie de dibujos animados llamada Ulises 31. En el capítulo 19, Nereo, los hombres-tiburón controlan a la población mediante la colocación de una rémora, un aparato capaz de mandar órdenes al cerebro cuyo control por los hombres-tiburón (criaturas de Poseidón, el malo malísimo de la serie) permitía esclavizar a los ciudadanos de Nereópolis.

El segundo es menos «inofensivo». Se trata del casco cerebral (Braincap en el original inglés), descrito por Sir Arthur C. Clarke en 3001, odisea final (la novela que cierra el ciclo de las Odiseas). Es requisito indispensable para funcionar en la sociedad del siglo XXX. Tiene sus inconvenientes: aquellos que adolezcan de algún defecto genético no podrán llevarlo. Para los que sí, la vida se simplifica muchísimo: pueden enviar y recibir e-mails, aprender carreras universitarias en una noche (opción más que interesante, tal como se está poniendo hoy en día la Universidad). Sólo tiene un problema: que en cuanto uno piensa en cometer el delito, rápidamente le echan el guante. Pero en fin, mientras uno se mueva en los parámetros de la legalidad (de cualquier forma que se defina, hoy o dentro de mil años) no tiene por qué haber ningún problema.

No sé si desear que semejante artilugio se invente dentro de mil años o que la ciencia avance lo bastante como para tenerlo listo en menos de diez. ¿Se imaginan lo peligroso que podría ser un tal artefacto en manos de un ZP o un Pepiño? Es decir, personas que tratan de esconder sus ansias totalitarias bajo un manto de (presunto) progresismo. Personas que tratan de sojuzgar a los demás so pretexto de redimirlos. Mientras tanto, parece que a Marianito le han puesto algo parecido, porque lo único que le falta es dar vivas a ZP y besar el suelo que éste pisa.

23 de julio de 2008

Emo

No hay como leer el diario para enterarse de cosas curiosas. El caso es que el otro día, hojeando El Mundo, me topé en la última página con un artículo de Raúl del Pozo. No es que sea adicto a sus artículos -como sí lo soy de los de Isabel San Sebastián o de César Vidal, o de Francesc de Carreras en La Vanguardia-; pero me llamó la atención un artículo suyo que hablaba de los emos, especie de tribu urbana que al parecer arrasa en México, D.F

¿Qué es un emo? Al parecer y según deduzco, un "emo" o "ema" posee dos vertientes inseparables: la ética y la estética. En lo ético son nietos de Sartre y Allen Ginsberg, e hijos de quienes en el romántico 68 se reunián a orillas del Sena (en la rive gauche, por supuesto), a leer esa poesía y prosa deprimentes, siempre a punto de abrirse las venas (aunque nunca llegara la sangre al río: lo importante es la pose).

¿Y en lo estético? En lo estético se les distingue al parecer porque con sus greñas se tapan media cara y se maquillan o pintarrajean. Proclaman a los cuatro vientos que el rigor mortis es la nouvelle beauté (como si no supiéramos que el mal du siècle es una moda que tiene ya 200 años) y su emblema es la calavera de Yorick. Ser feliz es facha: ¡viva la depresión! Por eso y en todo caso, visten mayormente de negro, muy al gusto gótico-ochentero-punk. Lo curioso es que la familia de éstos que así desfilan por este mundo variopinto resulta ser de proletarios venidos a más y así se puede profesar el ideario que uno quiera (incluso el anarquista). Vamos: que la depresión con dinero siempre es más consoladora que la depresión sin dinero (de toda la vida, oiga...)

En fin. Aquí les dejo un ejemplar (el único que yo conozco), aunque seguro que hay que añadirle una M...

19 de junio de 2008

Cambio de régimen

(Artículo cedido al Blog PEZ. Gracias por tu amable invitación, Harto)

No queda duda ninguna, señoras y señores: estamos ante un cambio de régimen. Vamos, que se acabó lo que se daba. La zetacracia ha entrado como un elefante en la cacharrería de las instituciones españolas y puede que no se rompa España, pero sí es cierto que el consenso (o «consexo», como lo llamaban Yale y Julen Sordo) que fue uno de los pilares básicos de la «primera» Transición, se ha ido a hacer puñetas. En Barcelona, en Vitoria o en Santiago de Compostela resuenan tambores de guerra y hasta los candidatos a presidentes del Barça terminan con un «Visca Catalunya lliure», del que cualquier día les hablaré.

Pero a lo que vamos. Ha sonado la hora del cambio de régimen, señoras y señores. Alguien ha decidido por decreto que «España es de izquierdas» (a pesar de que haya diez millones de personas en contra) y está haciendo la revolución. Hay que borrar el concepto de «España» de la mente de los españoles. «España» es un concepto facha, pepero (de esto ya no estoy tan seguro), franquista y de la derechona. A partir de ahora habrá que llamarla —me supongo— algo así como «Convoluto de Naciones Zetaperas», porque ZP ha demostrado que con crisis o sin crisis hace siempre lo que quiere y su palabra es la ley. Y por lo tanto, vale todo lo que él diga en el momento en que lo diga. Que lo que vale hoy no valga mañana no supone ningún problema para él ni para los zetácratas. Porque, vamos a ver: usando un razonamiento zetapero, ¿acaso el dinero no cambia todos los días de valor? ¿Se deja por eso de usar?

«Y es que la Constitución ya tiene treinta años y es un poco antigua. Bueno, no solamente es antigua sino muy molesta. Veamos: ¿qué demonios es eso de la «libertad religiosa»? (16 CE) ¿Por qué hay que permitir que los ciudadanos crean en Dios? El Convoluto de Estados Zetaperos es laico y por eso no se permitirá ninguna religión (y menos la católica, la más molesta de todas). O, por ejemplo, ¿para qué quieren los ciudadanos hablar castellano en la Nación Zetapera Catalana o en la Nación Zetapera Euskaldún? (3 CE) ¿O en la Baleárica? Respuesta: el castellano es una lengua facha, pepera, franquista y de la derechona. Por tanto, tiene todos los números para ser barrida de esos territorios.

Y no digamos la «libertad de expresión» (20.1.a CE): ¿para qué la quieren los ciudadanos? ¿Para criticar al Gobierno zetapero? ¡Anda ya! Criticar al Gobierno es antipatriota, hombre, aunque sea verdad la crítica. Que no se puede aguantar que un mequetrefe como Federico dé la matraca todas las mañanas en la radio de los obispos, aunque tenga razón. Y detrás de él, todos los blogueros fachas: ése que se llama Harto, ése que se hace llamar Aguador (querrá decir «aguachirle», seguro), y una que no sé dónde está pero que también le da muy duro, una tal Nora, ése otro que también pica mucho en Baleares, un tal Daniel, un tal Braincrapped (¿por qué se pondrán esos nombres tan difíciles de escribir?) y otros que se autodenominan PEZ, que tienen a gala ser enemigos de ZP y menos futuro que El Fary en la NBA. A los nuestros hay que premiarles el esfuerzo de combatir a los fachas. Hay que concederles la Medalla al Mérito Cultural Zetapero.

Pero aún hay más: eso del «funcionamiento democrático de los partidos» (6 CE) es una chorrada. Se acata lo que dice el jefe aunque se equivoque y sanseacabó. Y si no te gusta, puerta. Que para eso es un partido político: el partido que roba unido, permanece unido. Por no hablar de tus hijos: ¿qué es eso de que «los poderes públicos garantizarán el derecho que asiste a los padres para que sus hijos reciban la formación religiosa y moral que esté de acuerdo con sus convicciones» (27.3 CE)? Eso es una imposición de la Iglesia carca y de la derechona, joder. Y Suárez fue un flojo por permitírselo. Si los chicos no han de creer en Dios, no necesitan para nada una educación religiosa y moral. Les basta con la EpC, que la da el Estado y es gratis, caramba.

Y sigamos leyendo la antigualla de la Constitución. Mira eso que dice: «Asimismo, tienen derecho a acceder en condiciones de igualdad a las funciones y cargos públicos, con los requisitos que señalen las leyes» (23.2 CE). Otra chorrada. Pero si el otro día me enteré de que metieron a la hija de un pez gordo en el Ayuntamiento, para coordinar no sé qué de Urbanismo y la chica creía que los ladrillos venían de París... O sea, que no hace falta entender de la cosa para mandar, ni hacer oposiciones. Bueno, oposiciones sí: hay que guardar un poco las formas. Pero salen los que tienen que salir, ni más ni menos. Además, ¿para qué están los cargos? Pues para meter a los amiguetes y a sus hijos, naturalmente. Y si estás dentro, para favorecerles y pagarles el favor. Hasta ahí podíamos llegar. Que hoy por ti y mañana por mí.

O ésta otra, un poco más adelante: «... Jueces y Magistrados integrantes del poder judicial, independientes, inamovibles, responsables y sometidos únicamente al imperio de la ley» (117.1 CE). ¡Bah! Hoy por hoy ningún juez de tres al cuarto se atreve a desairar a la zetacracia. Mira cómo están en el TC. Y si ésos, que son gordos, están como tarros de gelatina, de ellos abajo mucho más.

O sea, que algunos ya han dado por muerta y enterrada la Constitución. Y otros dicen que vive, pero que ellos, como no se sienten españoles, tampoco se sienten obligados a obedecerla. Y de los que todavía creen en ella, también hay algunos que empiezan a desmarcarse y en vez de hablar del terrorismo y sus víctimas (menuda matraca, oyes) vuelven a hablar del precio de los garbanzos, que eso es lo que interesa de verdad a los españoles. Hacía mucho tiempo que no se oía hablar del precio de los garbanzos...»

Señoras y señores, dejemos a este zetapero en sus cavilaciones y repitan conmigo: welcome to the Matrix World.

11 de enero de 2008

«Que soy menor, ¿eh?»

Quiero hacerme eco en este post de la noticia aparecida hace ya varios días en medios de comunicación escrita y televisada. Unos adolescentes tiran piedras a una casa. Sale una vecina a increparles y la emprenden con ella. Uno de ellos, incluso, graba la agresión en el móvil, cuyo destino final será, probablemente, Youtube, ese totum revolutum de diferentes visiones de la vida, cajón de sastre donde casi todo cabe. Los encontronazos no se acaban el primer día, sino que continúan. En uno de ellos uno de los adolescentes la reta: «Atrévete a pegarme. Que soy menor, ¿eh?».

En nuestro blog hemos hablado ya de las consecuencias de las teorías progres de la educación. La tribu progre que rige los destinos de los adolescentes españoles fuera de sus casas nos dice que siempre es mejor dialogar que azotar (por cierto, ¿no suena a conocido eso del diálogo?). Que si se puede razonar con el adolescente temporalmente convertido en fiera corrupia, mejor que no castigarlo físicamente. Eso es lo que hacen los «padres adelantados y modernos». Pegar es de cavernícolas, naturalmente, y usted, señor, no debe levantar la mano contra sus hijos si no quiere que le llamen Pedro Picapiedra o que su propio hijo le llame a usted «fascista» y sienta usted el ramalazo de la culpa recorriéndole la columna vertebral de arriba abajo.


Ahora bien, nos encontramos con un problema (no previsto por la ley, pero sí por el legislador). ¿Qué ocurre si el «diálogo» no funciona? A cierta edad no funciona el diálogo porque no hay suficiente conciencia de la falta cometida. Y a cierta edad lo que ya no funciona es el cachete que se tendría que haber aplicado a edad más temprana. La ley desgasta la autoridad de los padres, a los que se considera que «privan el posible desarrollo del joven llenándole de traumas insuperables». Por consiguiente los padres, presionados por la hipoteca, angustiados por no parecer retrógrados y temerosos de que si un día «se les va la mano» les denuncien, dimiten. No ocurre siempre y en todos los casos, por supuesto; pero podría hablarse de que en muchos casos en que nos encontramos un adolescente problemático, tras él podemos encontrar padres dimitidos.

Y crecen como adolescentes resabiados, que «conocen sus derechos» (parece ser que de sus obligaciones nadie les ha hablado y menos les ha obligado a cumplirlas). De ahí que salgan de vez en cuando adolescentes que lo amenazan a uno: «Como me toques un pelo te denuncio». O el caso de aquella muchacha de 14 años que denunció falsamente a su padre por malos tratos, cuando en realidad lo que ocurría es que la muchacha era un pendón desorejado y su padre no la dejaba salir por las noches.


Todo esto se inscribe en un ambiente de ataque a las instituciones básicas (o que lo han sido) de la sociedad española: familia-escuela-Iglesia-Ejército. Al Ejército se lo cargó Aznar cuando suprimió el servicio militar obligatorio por motivos electorales, aunque llevaba años languideciendo. La Iglesia está en proceso de acoso y derribo como guía moral de la sociedad. De ahí surgen declaraciones como la de la Voguemomia cuando dice que «no tolerará tutelas morales». Nos parece muy bien que a título personal la Voguemomia no acepte tutelas morales; pero otros muchos solemos acudir a la Iglesia en busca de consejo u opinión en cuestiones que nos preocupan. En cuanto a la familia y la escuela, están en ello. ¿Y todo para qué? Pues para construir una sociedad de ovejas salvajes: sumisos con el poder económico y político y rabiosos contra los vecinos.

Retomando el tema donde lo habíamos dejado, la menor edad no puede funcionar como excusa para cometer hechos que en personas más mayores son constitutivos de delito. La Ley del Menor no puede convertirse en la «Carta Magna del menor». Esto, desde luego, es ir contracorriente: ya hemos dicho que para muchos padres el dictado social es el de convertirse en «coleguis» de sus hijos. La disciplina, mejor ni se menciona porque tratar de ejercer de padre e imponer la disciplina necesaria para que el desarrollo del joven o adolescente no se tuerza es anticuado y, sobre todo, «fascista».


Por supuesto, el día que yo tenga hijos, si alguno se me desmanda, le daré un cachete cuando lo crea conveniente. Y haré caso omiso de la pestilente corrección política que impregna el tema. En tanto en cuanto yo me preocupe de la educación de mis hijos, el Estado no es quién para decirme cómo tengo que educarlos. Ni mucho menos le permitiré que me los adoctrine, para que acaben convertidos en ovejas eléctricas.

No sorprende, pues, el caso de estos muchachos (o mejor debiera decir «cafres»), futuros hombres nuevos de la deseducación socialista. Pero de eso del «hombre nuevo» hablaremos otro día.

Actualización 11/01/2008. Esta mañana me han recomendado un vídeo en el que en unos 20 minutos, el Juez de Menores de Granada D. Emilio Calatayud explica el tema con mucha más precisión y mucho más gracejo que yo. Aquí pongo el enlace:

http://mediateca.educa.madrid.org/reproducir.php?id_video=jibnzc4s1quh4cv2

Estoy seguro de que les va a encantar...

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