21 de abril de 2007

Una cosa es una cosa y otra cosa es otra cosa

Leo en Libertad Digital un artículo de Maite Nolla, dirigente de Ciutadans. Como también leí el artículo de Daniel Sirera, diputado del PP "Sé lo que no hicisteis este último fin de semana". Y voy a tratar de "desconfundirme" un poco.

Yo saludé con entusiasmo la llegada de Albert Rivera a la política catalana. Creía en un partido diferente de "los de siempre" y en la ruptura del "reparto" de la política catalana: una CiU poderosamente establecida, que tras 23 años continuados en el poder había creado una tupida red de clientes; una izquierda condescendiente con el nacionalismo y colaborante (PSC) en el llamado oasi català o radical en la oposición y presta a corromperse tan pronto tocara algo de Poder (ERC). Y por último, un PP renqueante y testimonial que tiene que oír de CiU lo de "tú respiras porque yo te doy permiso para respirar", contentándose con las migajas de CiU.

Por eso me pareció que Ciutadans era una propuesta diferente a ese reparto. Una propuesta que incluye a personas como Albert Boadella, que se ha distinguido siempre por una libertad interior que le lleva a defender el toro cuando se quiere cerrar definitivamente la Monumental y a poner en escena una obra corrosiva como Ubú president, contra el monolítico Pujol. O a Francesc de Carreras, catedrático de Derecho Constitucional, que desde sus artículos en la Vanguardia siempre me pareció la veu del seny, eso que ahora en Cataluña brilla por su ausencia.

Confieso que me descolocó mucho la presencia de Albert Rivera en la manifestación de los titiriteros. Y su correlativa ausencia en la manifestación del PP. Creo que era más lógico que un partido que defiende la aplicación de la ley española, aunque sólo sea en Cataluña (y sobre todo aquí, que se vulnera todos los días en materia de banderas y educación) estuviese en Madrid el día 10 de marzo, conjuntamente con quienes defienden unos principios similares, en vez de andar en una manifestación de "desagravio" al Gobierno y de "oposición a la oposición". Y así fue señalado, a mi parecer con certeza, por Daniel Sirera. No obstante, vuelvo a mostrar mi apoyo a Ciutadans ante la pintada que unos vándalos dejan en casa de un diputado de ese partido, como lo haría respecto de cualquier otro diputado.

Volviendo al artículo de Maite Nolla, éste pone el dedo en la llaga, en mi opinión. ¿Qué clase de política practica el PP en Cataluña? ¿El arte de lo posible, que hubiera dicho el eterno Molt Honorable? ¿La política que le lleva a estar a rebufo de lo que CiU quiera graciosamente concederle? ¿La política que, si es cierto lo que afirma Nolla, llevará a los ayuntamientos a aquellos que repudiaron notarialmente al PP en octubre? Recordemos que cuando estuvo Vidal-Quadras de presidente del PPC, el partido no debía nada a nadie y subió porque Vidal-Quadras hizo una apuesta valiente y sin complejos.

El PP en Cataluña debe reaccionar. Debe recordar que no necesita permiso de CiU para respirar, para salir a la calle, para recorrer Cataluña y oler un poco menos a moqueta. Debe recordar que hay personas que todavía creen que hay políticos que los defienden frente a quienes pretenden clasificar a los catalanes en "catalanes de primera", "de segunda" o incluso "de tercera". Debe abandonar el discurso dels pobrets de mi y recuperar, en cambio, los valores de un partido que no se vende por unas pocas prebendas y que, como a los perrillos, lo atan al poste unas horas cuando "se porta mal". Rajoy ha tomado buena nota y el resultado está a la vista. A ver si Piqué hace lo mismo.

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