19 de junio de 2007

E.P.C.

Hay que ver la que se ha montado con la «cosa educacional». La menestra de la cosa, señora Cabrera, pretende obligar a todos los que pueda (centros, profesores, padres, alumnos) a seguir el catecismo de la Educación Para la Ciudadanía. Como decía la vieja canción de La Trinca, «todo el mundo ha de ser libre; y quien no quiera será obligado». Sin embargo, y como afortunadamente estamos en una democracia, ya se han planteado casos de «objeción de conciencia» a la enseñanza de la EPC. Queda determinado, pues, que el proceloso océano educacional anda revuelto.


Como siempre, es bueno tener un poco de perspectiva. Recordemos cuánto se han reído los progres y cuánto han criticado «la educación nacionalcatólica del franquismo». Decían –siguen diciendo, claro: echen un vistazo a La mala educación, de Almodóvar, aunque sea tapándose la nariz– que a los niños se les inculcaba la religión «a martillazos»; que los Ejercicios Espirituales eran «por decreto» y que un mal informe del cura de tu pueblo podía arruinarte la vida. Criticaban la censura, la «falta de liberalidad de costumbres»… En fin, todo era oírles echar pestes contra el régimen de Franco. Aprovecho aquí para remarcar que yo ni soy franquista ni defiendo ese régimen dictatorial; pero sí que algo tuvo que hacer bien si cuando Franco murió estábamos mejor que en 1940.


Pues nada. Ahora la menestra Cabrera quiere que nuestros dulces retoños vuelvan al florido pensil, pero en progre y con faltas de ortografía, suponemos. Porque no solamente se trata de imponer una ideología: hay que maltratar la lengua como modo y manera de evitar que los niños dejen de llamar las cosas por su nombre y permitan que sea el Estado quien, graciosa y compasivamente, lo haga por ellos. Es decir, que sea el Estado quien decida acerca del bien y del mal. Y si a eso añadimos que la EPC da libertad a cada Comunidad Autónoma para insertar en sus contenidos el «sentimiento nacional» (claro guiño a ERC, PNV y BNG), pues ya la tenemos liada y bien liada.


Es decir, que cuando nuestros retoños superen la edad adolescente y ya sean carne electoral, a la progresía dominante no le costará nada conducirla cantando al matadero. Porque ése es el significado de la palabra educación, que viene del latín ex ducere ("conducir", "guiar hacia"). Pretenden convertirlos en un rebaño dócil a las insinuaciones políticamente totalitarias y económicamente hedonistas de quienes por desgracia nos gobiernan ahora. El niño es visto como un proyecto de «borrego-consumidor» al que con dos palabras se le podrá tapar la boca por la élite gobernante cuando intente pensar por sí mismo. No es muy difícil encontrar paralelismos entre esta situación y la terrorífica novela 1984 de George Orwell (autor que, como se puede suponer, no está muy de moda).


Lo cual nos lleva a las preguntas de siempre, que me formulo yo y que se formula quien se considera liberal: si nuestros hijos fueran verdaderamente educados en la libertad (ésa que al parecer tanto miedo da a la izquierda gobernante), ¿querrían ellos que el Estado dirigiese todos y cada uno de los pasos de su vida? ¿Querrían ellos que el Estado se entrometiese en sus diversiones, en sus creencias, en sus sueños más íntimos, en sus proyectos? Cada cual puede tener una respuesta. Pero si la respuesta a esas dos preguntas es afirmativa, la menestra Cabrera (y el equipo de personas e intereses que van detrás) habrán ganado la partida. Y eso significará que se habrá empezado a crear el rebaño de esclavos. A los demás siempre nos quedará la huida o el Ministerio del Amor. Por si acaso, y tal como aconseja Ray Bradbury (Fahrenheit 451), empezaré a memorizar un libro de mi elección.


PD.- E.P.C. no significa, como según se cree, "Educación para la Ciudadanía", sino "Es Pa Cagarse".

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