29 de marzo de 2006

P.(1/2)E.

El título de este artículo parece una ecuación, casi se podría decir que einsteniana, aunque desde luego mucho menos comparable a la incomparable E=mc2. Pero si de algo no trata este artículo es de física cuántica, aunque la materia de la que hablaremos sea opinable y muy, muy, muy relativa.

De acuerdo con el término académico consagrado, hablaremos aquí de una "de-construcción". Y el objeto de nuestro pequeño estudio será un partido político, antes conocido como "Partido Socialista Obrero Español". Si nos fijamos bien, de las siglas que formarían el acrónimo de ese partido se han "caído" dos letras: la S y la O. Esto, básicamente, significa dos cosas: primero, que ese partido no es socialista. Y no lo es, entre otras razones, porque en su primera etapa la Banca obtuvo los mayores beneficios de su historia hasta ese momento. Naturalmente, que la banca tenga agarrada por las pelotas a todos los partidos de algún fuste o representatividad es un hecho relativamente irrelevante. Igualmente es "relativamente irrelevante" que los miembros más representativos de ese partido no den ejemplo y acomoden su azaroso vivir a esos míseros 30 metros cuadrados a los que la menestra Trujillo quería condenar a los primeros adquirentes de una vivienda (jóvenes e inmigrantes).

Hay un hecho en contra de esta primera apreciación: el modelo económico socialista, al menos en teoría, es sumamente intervencionista. Controla precios y producción, así como el dinero que circula en la economía. Obviamente, por consiguiente, el Estado es quien debe llevar el peso de esa intervención. Y el Estado no es nadie sin servidores públicos. Por consiguiente, pues, los gobiernos socialistas que en España han sido han inflado el aparato administrativo hasta 2 millones de servidores públicos, a los que hay que sumar los de las autonomías. No entraremos en la cría y engorde de ese animal llamado "Administración" porque nos alargaríamos más de la cuenta y tendríamos que meternos en mucha harina, además.

De lo anterior se sigue que ese partido que estamos "de-construyendo" no es obrero. No lo es porque no defiende los intereses de los obreros. Eso sí, en tiempo de elecciones es factible ver a Manolito Chaves enfundado en cazadora y pantalones de pana y casi como diciendo "Zomoh de loh vueztroh". Claro que se mantiene a suficiente distancia de su enfervorizado público, porque de acercarse, éste olería la naftalina que tan bien conserva la ropa de la etapa electoral y que sólo es menester lucir en esos momentos (gran sacrificio por una excelente y noble causa). En contra, igualmente, dos puntos: las reconversiones salvajes del sector naval de los años 80, que tienen su correlato actual en las deslocalizaciones empresariales y la nueva crisis del textil (bien es verdad que a los chinos ahora mismo no hay quien los pare y que es más barato fabricar camisas en Marrakech que en Mataró; pero aun así...)

Justificadas las pérdidas anteriores, analizamos lo que nos queda. Nos queda la P de "partido", que viene a indicar un conjunto o facción de personas que comparten las mismas ideas. Y que las comparten de tal modo que el que un día se mueva un milímetro de ese profundo y total compartir deja de salir en la foto (olé el Guerra de las frases lapidarias); y, además, quien deja de salir en la foto no sólo es un contraopinante (algo saludable en cualquier democracia, interna o externa), sino que se convierte en traidor y en apestado, adquiriendo a un tiempo ambas condiciones. Y si no, que se lo pregunten a los dos Redondos, tanto el padre como el hijo: al primero, por un quítame allá esas huelgas; al segundo, por no supeditar su solidaridad a unos superiores intereses de partido. Se puede objetar que esto es así en la mayoría de partidos; pero no se ha de negar que en los partidos supuestamente "de izquierdas" es un rasgo que queda como muy feo, porque cada vez que les oye uno hablar, se les llena la boca con la palabra libertad (aunque sólo sea en sentido centrípeto).

A estas alturas del artículo (y me he alargado realmente mucho), más de un lector habrá cogido lo del "1/2E". Quiere decirse que es medio español (al menos, hasta ahora). ZP, forzado por la erótica del pacto o compinchado con sus colegas de la izquierda radical (pues no otro calificativo merecen los señores de ERC y BNG) y por otro lado, del nacionalismo cavernícola y de sacristía del PNV (ellos no rezan a Dios, sino a Jaungoikoa, que por lo que veo les permite mirar a otro lado sin peligro de su alma cuando un maketo es insultado, agredido, secuestrado o asesinado), han puesto en escena la de-construcción de España. Lo cual viene siendo lógico, porque un partido de-construido sólo puede ejecutar de-construcciones (algo que está en su naturaleza-en-sí).

De todos modos, todo es muy relativo, incluso el contenido de este artículo. Así, pues, sería conveniente empezar a llamar las cosas por su nombre, para que la "relatividad" no nos fagocite el vocabulario.

(originalmente insertado en 2:31 AM - 2/9/2005)

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