4 de septiembre de 2007

«Síndrome post-vacacional»

Se acabaron las vacaciones. No el verano, que de calendario le quedan quince días y de climatología algunos menos, por aquello del veranillo de San Martín. Un buen indicio de que el sol ha entrado en el signo de Virgo: hay que retomar las costumbres, las rutinas que nos hacen sentir que pagamos nuestro derecho a existir, tanto si gusta como si no. O las que nos devuelven al mundo real, como la dieta («El lunes empezaré con el régimen»), o la visita al médico («¿Qué me pasa, doctor?»). Hasta el curso político se inicia (y éste, como pre-electoral que es, se anuncia caliente), aunque entre nuestra clase política hay algunos especímenes para quienes no hay diferencia entre invierno y verano…


Pero a lo que voy, que siempre me despisto. Ayer, viendo las noticias de la televisión, se «ocuparon» —es un decir: ya sabemos que las noticias de la tele se dan a toda velocidad, porque no hay que cortar los anuncios para poner programas— de este «síndrome post-vacacional»: depresiones, neurastenia, etc. Vamos, algo parecido a lo que ocurre en primavera, que tal vez se pueda solucionar con algún reconstituyente o cosa parecida. El caso es que apareció un señor, cariacontecido, hablando de «lo duro que es volver al trabajo», más o menos en resumen.


Inmediatamente me enfadé, porque pensaba: «Bueno, este señor tiene un trabajo fijo, al parecer disfruta de buenas relaciones en su medio laboral, le pagan un sueldo decente a final de mes… ¿De qué puñetas tiene derecho a quejarse ese señor? Y si él padece de síndrome post-vacacional y «tristezas y melancolías varias», ¿qué tendríamos que hacer los que no tenemos trabajo? ¿Colgarnos de un árbol, porque nuestra «desesperación» es mucho mayor y no equiparable? ¿U obtener una licencia de armas, comprar una pistola y pegarle cuatro tiros al indecible Jesús Caldera, cuya desastrosa política laboral y social ha traído, entre otros factores, estos lodos?».


Ya de entrada en este curso político el desgobierno zapateril se enfrenta al mayor de los problemas que suelen tener los gobiernos de izquierdas: la visibilidad. El PSOE ha creído que con envolverse en la aureola del «talante» (sin talento) y del «diálogo» (con todos menos con el PP), bastaba para ocultar la inanidad de su discurso político: por desgracia, el color del discurso político del PSOE es el color del discurso político de sus aliados. Y donde no necesita aliados, el discurso está en «mantenerse como sea» (la prueba está en Navarra). Y ahora ese velo se está resquebrajando, a cuenta de la desaceleración del sector de la construcción: éste no solamente implicará que las hipotecas subirán, sino que muchas agencias inmobiliarias tendrán que cerrar. El incremento del gasto no solamente es una cifra macroeconómica, que se puede disimular en el conjunto de las cifras económicas totales porque es un dato más o menos abstracto: es un dato ya microeconómico. Es decir, que los ciudadanos ven cómo suben de precio productos básicos —y las hipotecas— sin que al mismo tiempo ellos puedan estirar más el salario.


Sería de Perogrullo decir que este panorama se ha ido formando a lo largo de estos tres años y que si hay un culpable no es solamente Pedro Solbes, ministro de Hacienda a la sazón. Culpables son igualmente las desaforadas políticas de Fomento, más la tensión Estado-Autonomías usada de forma torticera por unos o por otros para arrimar el ascua a la sardina propia (otros con más formación podrán profundizar más), así como también la ligereza del uso de los recursos transferidos a algunas de éstas (el caso más claro: el gobierno «progresista» de Cataluña prefiere tener una «embajada» en la Isla de Pascua en vez de unos servicios decentes aquí). No obstante, el Gobierno se apunta a la invisibilidad: la menestra Carme Chacón va diciendo (bien es verdad que en voz no muy alta) que «no hay muchas familias españolas que tengan que apretarse el cinturón». No sé de qué datos dispone, pero sin duda no se corresponden con la realidad; y como buena progre que es, «peor para la realidad».


Tampoco es desdeñable el hecho de que nos han cerrado el grifo de las subvenciones agrarias, que siempre fue un respiro. A día de hoy ya no somos «los más pobres», como lo éramos en 1986: a nuestra cola van todos los países ex-comunistas del Este, a los que además el respectivo régimen comunista colonial les dejó en la más alta de las miserias (y según es la riada de nacionales de esos países hacia España, no es aventurado decir que siguen bastante en las mismas). A propósito de esa riada: no es de extrañar que Zapo considere un fillon de putain al primer ministro francés por confesar en público lo que tenía que haber quedado en lo oscuro de la alcoba política. Eso sí que da para síndrome post-vacacional.


Lo que temo es que Zapo, mientras hace —o con la excusa de hacer— campaña, se dedique a dejar tierra quemada porque tenga el presentimiento de que no va a ser elegido en marzo. Expediente X: ¿alguien puede explicar por qué no se han caído del Gobierno personajes como Maleni o el mudo de Béjar (también conocido en su lugar de trabajo como Jesús Caldera)?


Feliz réentrée a quienes os incorporéis al trabajo.

7 comentarios:

  1. Lo peor de terminar las vacaciones es la vuelta al atasco...
    Con lo feliz que yo era antes de saber lo que era el Nudo Norte...
    Esos dos miembros del gobierno por los que preguntas, digo yo que a lo mejor, pues que están de vaciones...¿no?

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  2. Amigo Asomado:

    Pues no sé, pero para mí que deben de ser compañeros de logia o así. Porque mira cómo se han caído la Carmencita Pixidixi y la inútil Trujillita, y la Salgadiño que no se cayó pero que la recolocaron... a costa del único ministro que, encima, se ofreció a explicar "en dos tardes" a Zapo eso de la economía...

    Saludos,
    Aguador

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  3. Para Fray Luis de León descansar era cambiar de ocupación. Quizá los que padecen el llamado síndrome post-vacacional son aquellos que están cansados de no hacer nada en el trabajo y no hacer nada durante las vacaciones. Terminan padeciendo el famoso síndrome al comprender que al regresar tampoco harán nada.
    Un cordial saludo

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  4. De acuerdo con HZP, excelente entrada.

    En relación con el síndrome post- vacacional, es muy común en la mentalidad española, quejarse por todo en lugar de estar agradecidos por lo que tenemos.

    Saludos

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  5. Amigo HDZP:

    Creo sinceramente que deberías abrir el cerrojo que le has puesto a tu blog y volver a la vida bloguera. Tus comentarios en otros blogs -particularmente en el mío- animan siempre a seguir escribiendo, así que, ¿por qué no haces tú otro tanto? (en la medida que puedas, claro). Has dejado un poco huérfano al MAZP y se te echa de menos, hombre...

    Saludos,
    Aguador

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  6. Ya he vuelto, aguador. Pásate por mi blog. Un saludo.

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