5 de agosto de 2007

El tango diabólico

Con la mayor de las repugnancias escribo este post, dedicado a una de las páginas más negras de la historia —también de la historia de la Iglesia— argentina. El título hace referencia al tango que bailaron al alimón la jerarquía eclesiástica y la dictadura de los criminales ex-generales Videla, Camps y demás.


La noticia salta a las primeras páginas de la actualidad porque en estos momentos se está juzgando a un sacerdote que fue «confesor» de uno de esos generales: Christian von Wernich. No vamos a entrar en todo lo que se le acusa a esta persona (hay mucha información en la Red), sino que entraremos en una reflexión de tipo más general.


De entrada, no debería sorprender que la jerarquía eclesiástica en Latinoamérica se alíe con el poder. Es algo que ya hemos visto en Chile, con Pinochet; que, incluso, llegamos a ver en El Salvador con Anastasio Somoza («Es un hijo de puta, pero es nuestro hijo de puta», que decía la CIA de él). La argentina es una de tantas reediciones (a ritmo de tango, eso sí) de la «alianza entre la cruz y la espada» que a lo largo del tiempo y del espacio se han sucedido. Posiblemente, su «justificación» se hallara en la expansión del comunismo durante los años 70 en toda Latinoamérica, con lo que hasta cierto punto, la represión asumía el carácter de «cruzada contra las hordas rojas».


Y aunque existe una Iglesia humilde y sencilla que, por esa misma razón, no sale en los papeles, existe también la Iglesia que desde el año 313 (en el que Constantino convierte la religión católica en oficial del Imperio romano) ha disfrutado de poder temporal y espiritual sobre sus fieles. La Iglesia que, como institución (no nos referimos aquí al aspecto religioso, sino al político y/o administrativo), ha dado cobertura religiosa y moral a supuestas «cruzadas anticomunistas», al socaire de las cuales se han perpetrado crímenes de lesa humanidad.


Anoto aquí un recuerdo poco grato. Tengo familia en El Salvador, descendientes de un hermano de mi abuela. Recuerdo que hace unos años vinieron a España para «saludar a la familia» y nos fuimos a comer. El caso es que la conversación recayó sobre los jesuitas asesinados en El Salvador, Ignacio Ellacuría y compañeros. Nosotros dijimos que aquel asesinato nos parecía una barbaridad; pero mi primo afirmó totalmente convencido que «eran comunistas». Y cuando le pedimos que nos concretara un poco más, nos dijo que «maleaban al pueblo y que lo hacían revoltoso». Argumento comprensible si se tiene en cuenta que mi primo tenía una empresa bastante próspera de dulcería y una casa con servicio. Después de aquello no me sorprende la cerrazón de las clases privilegiadas allá en Latinoamérica.


Retomamos el hilo después de este recuerdo personal. ¿Cuál es la postura actual de la Iglesia argentina (cuando menos, de su jerarquía)? Un sospechoso silencio. Como ocurre en estos casos, «nadie era», «nadie estaba» cuando ocurrieron los hechos. Pero el mismo silencio de la Iglesia argentina y su poca o nula disposición a pedir perdón cuando las pruebas se acumulan en su contra la condenan. Tampoco Roma ha dicho gran cosa acerca del asunto. Juan Pablo II no hizo el mismo tipo de limpieza que hizo en Estados Unidos cuando se «levantaron» los casos de pederastia. Y, a la vista de lo que está saliendo en Argentina, esperamos un gesto, un mensaje, una acción del papa Benedicto XVI. Quienes actuaron así deben ser juzgados y condenados por esos delitos de lesa humanidad. Y en mi modesta opinión, la complicidad con quienes perpetraron esos crímenes les expulsa de facto de la Iglesia.


Me imagino que el progrerío, en general bastante ignorante de las cuestiones eclesiásticas, aprovechará para decir: «Mirad, mirad: así es, así actúa la Iglesia». Aprovecharán para mezclar churras con merinas, como siempre. Pero no importa. Basta con que se haga justicia a las madres, padres, hermanos, hermanas, esposas, maridos de las personas desaparecidas o torturadas. Basta con que a esos señores se les castigue de acuerdo con las leyes civiles. Basta con que a esos señores se les expulse de la Iglesia, pues no tienen derecho a permanecer en ella.


Más información en:


http://gatopardo.blogia.com/2006/041801--que-decia-la-jerarquia-catolica-sobre-los-crimenes-de-la-dictadura-argentina-.php


http://www.apdhlaplata.org.ar/prensa/2003/050203.htm

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